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HAVANA TIMES — Con la marcada intención de preservar lo más identificativo de muestro arsenal cultural. Las instituciones a esta instancia, trabajan delicadamente. El ejemplo más notable es el de haber declarado a la Rumba, patrimonio cultural nacional. Y precisamente, de esta familia de ritmos musicales, también estilo de danza de Cuba es a quien quiero dedicarle este artículo.

La Rumba, está por todas partes. En una esquina, una tarde de domingo, cuando se reúnen un grupo de amigos y terminan haciendo sonar las sillas o la mesa del juego de dominó. En un solar habanero o matancero, o en una cuartería santiaguera o guantanamera (como le llamamos acá en el oriente del país).

 

Aparece fusionada con cualquier otro compás en los repertorios de nuestros músicos. Hace mover las piernas y las caderas desde un niño a una señora, o a un experto bailarín. O mueve a inventar pasos discontinuos a los turistas extranjeros.

 

Habiendo utilizado como fuentes a lajiribilla.cu, cubarte.cult.cu y guije.com, y como espectadora de tantas descargas de rumba, llegué a una conclusión: como el Son o la Trova, son de esos géneros musicales que nos más nos identifican en el mundo, la Rumba también es Cuba.

 

 

De su origen:

 

Este complejo musical es de raíz africana. Se originó en Cuba como un baile típico, compuesto por toques, cantos, bailes y pantomima, surgiendo durante el colonialismo español mientras se producía la expansión azucarera.

 

Es una de nuestras manifestaciones musicales de mayor prestigio folclórico y popular. Sus principales protagonistas fueron los negros libres y sus descendientes, pertenecientes a distintas étnicas africanas como la lucumí, gangá, arará y quizás la más significativa de todas, la gangá-bantú.

 

Se tienen referencias históricas asociadas a esta música desde los siglos XVIII y XIX en sitios como barracones, dotaciones, en los campos y zonas suburbanas como bateyes y caseríos cercanos a los ingenios o fábricas de azúcar. Los hombres realizaban danzas pugilísticas, conocidas como “baile de maní”, las cuales pudieran considerarse como rumbas muy primitivas.

 

Eran acompañadas por un conjunto de tres tambores profanos muy primitivos los que se percutían con algunas especies de instrumentos de metales (como la guatacas con se araba la tierra). También existían otras danzas en parejas muy eróticas nombradas de macuta, las que posiblemente fueron la base de otros estilos de la Rumba como el actual Guaguancó de carácter más urbano.

 

Desde entonces era sinónimo de fiesta, donde se bailaba y cantaba, pero también se ingerían alimentos y bebidas alcohólicas. O se hacía bajar a un Oricha (deidad), por lo que también a veces tenía una connotación religiosa.

 

De su historia y su desarrollo

 

Era típicamente una danza folklórica afrocubana que servía como un baile de fertilidad. Tomó sus bases para baile de salón en el siglo XVII a partir del son cubano. Se bailaba en las tabernas, bares y similares de aquella época.

Se hizo popular en las primeras décadas del siglo XX. Nuestros amigos anglosajones solían utilizar la palabra rumba para definir casi todos los bailes cubanos (no notan las diferencias).

 

 

 

La Rumba es un término colectivo que engloba una gran variedad de formas de baile. Muchas de las formas que posteriormente se desarrollaron fueron limitadas solamente a Cuba. Las plantaciones de caña de azúcar en La Habana y Matanzas fueron los centros principales de evolución de la Rumba.

 

En 1930 llegó a Europa, comercializada vía Nueva York, donde ya había adoptado varios elementos del Jazz, gracias a nuestro emblemático Chano Pozo, un bailarín y tamborero, quien en 1946 se trasladó a los Estados Unidos para ser entre otras cosas, bailarín de Katherine Duna o percusionista de la orquesta de Dizzy Gillespie, donde introdujo estos ritmos cubanos.

 

Algunas de las tonadas que la banda de Gillespie grabó con Chano Pozo, por ejemplo “Cubana Be-Cubana Bop” o “Manteca”, “Woody’n You”, “Afro Cubano Suite” o “Algo Bueno”, son bacanales de diferenciación rítmica que tiene mucho de nuestra rumba.

Durante el Tercer Reich la Rumba fue prohibida, y en otros países el interés fue disminuyendo.  

 

Después de la Segunda Guerra Mundial hubo un renacimiento de este fascinante baile. Desde 1956 hasta 1958 y desde 1961 hasta 1963 se llevaron a cabo dos “guerras de Rumba” entre Gran Bretaña y Francia, para estandarizar la Rumba. La pelea terminó con la decisión de los comités internacional de aceptar ambas variantes.

 

Nuestra Rumba.

 

Pero en Cuba fue, es y será  algo muy especial. Las canciones hablan a menudo sobre la vida diaria de la gente de color, de clase obrera. Se pueden distinguir tres estilos de Rumba, principales: El Yambú, la Columbia (originarias y típicas de Matanzas) y el Guaguancó (originario y típico de La Habana).

 

El Yambú: de origen urbano, parece ser uno de los estilos más antiguos, pues existen referencias sobre el mismo desde mediados del siglo XIX. Su aire es lento. Se inicia con un lalaleo coreado llamado Diana. Luego el solista canta unas estrofas, a lo que se denomina Decimar, aunque muchas veces la estructura de las mismas nada tenga que ver con la forma poética española de la décima.

 

El coro responde de nuevo con el lalaleo peculiar, y así van alternándose parte de solista y coro, hasta que comienza el estribillo donde baila una pareja. El baile es suave, de movimientos ceremoniosos. Representa el coqueteo de la mujer al hombre. Es notable que en el Yambú, la parte de mayor lucimiento corresponda a la mujer, quedando relegado el bailarín a un plano secundario.

 

La Columbia: por lo general es un baile exclusivo de hombres, aunque algunas mujeres se hicieron famosas por su interpretación del mismo. El origen rural de este género es indudable. Para los grandes bailadores y músicos de Rumba, la Columbia es el campo, sobre todo de Matanzas.

 

Aunque inspirados en la temática más variada están constituidos por frases breves, poco pulidas y con abundancia de vocablos africanos, como correspondería a la creación de un elemento humano surgido de plantaciones de cañas o los barracones de ingenios.

Su estructura: solista-coro, es la misma de los otros estilos de rumba y presenta dos partes claramente definidas: una de canto solo El Llorao es característico de la Columbia y consiste en unos lamentos o exclamaciones quejumbrosos que lanza el cantante o Gallo en medio de sus coplas. Y el Capetillo o parte bailada.

 

Llegado el momento del baile, algún participante de la fiesta pide permiso, con un gesto, para bailar, y luego de abrirse espacio entre los presentes y de saludar a los tambores hace alarde de su habilidad danzaría.

 

Más tarde, otro bailador lo sustituirá, intentando superar sus pasillos. El Juego o estilo del bailarín es “piernas y hombros”, tendiendo a mantener la posición erecta, pues muchas veces lleva en equilibrio sobre su cabeza un vaso o botella de bebida.

 

En algunos lugares del campo se acostumbra bailar con machetes o cuchillos en las manos. El aire de la Columbia “es rápido pero asentado”.

 

 

El Guaguancó: es la más elaborada, tanto musical como en los textos. Es danza típica de los barrios negros de la ciudad de La Habana. Su canto se hace enteramente en español en vez de usar expresiones africanas o vocabulario del argot de los barrios bajos.

 

En el sentido de los textos el guaguancó está muy relacionado con el “punto cubano”, forma que tomó en Cuba la improvisación canaria y andaluza. El tempo del guaguancó es levemente más lento que el de la Columbia y más rápido que el Yambú. El guaguancó tiene también alguna relación musical con el “cante hondo”.

 

La temática es frecuentemente luctuosa o, al menos melancólica. En el baile se representa la persecución amorosa del hombre a la mujer: él deseando Vacunarla (movimiento pélvico de significación erótica), y ella intentando picarescamente protegerse del ataque. En esta persecución y huida de profundo contenido voluptuoso se demuestra la habilidad danzaría de la pareja.

 

¿Con qué se toca la Rumba?

 

Los instrumentos musicales empleados para tocar rumba son simples: tres tambores de duelas ligeramente abarrilados llamados “Quinto”, “Salidor” y “Tres Golpes”; un par de marugas metálicas (nkembi) que usa en las muñecas el tocador del quinto de la Columbia y un par de claves (palitos entrechocantes) con las que el cantante marca el ritmo.

 

Generalmente en el Yambú, y algunas veces en el Guaguancó se emplean dos cajones o envases de madera. El pequeño, casi siempre hecho de un “cajoncito de velas”, tiene un sonido más agudo y hace de Quinto; el mayor (algunos de esos envases grandes donde traían el bacalao), de sonido más grave, hace de Tumbadora.

 

También se le agregan golpes de cucharas, golpes en las puertas y en todo aquello que les permitía a los rumberos crear ritmo.

 

 

Fin de la Historia

 

Los grupos de Rumba que más se han conocido en Cuba son,  Lolo Yonkori dirigido por Alberto Sayas, Celeste Mendoza y su grupo de Guaguancó, Clave y guaguancó, dirigido por Dedeo. Grupo de guaguancó, cantando Carlos Embales, Los Papines, y Los Muñequitos de Matanzas.

 

No hay hoy en nuestro país un solo pueblo que no tenga un grupo, o una peña de Rumba y mencionarlos a todos sería hacer una larga lista. Pero no quisiera omitir a una agrupación, menos vetustas que logra hacer con sus arreglos rumberos verdaderas sinfonías, como es Yoruba Andabo.

 

Aunque siguen siendo La Habana y Matanzas, las capitales por excelencia de la Rumba en Cuba, por todos el país se toca y se baila este género. Por negros y blancos, por zalameros y finos, por vulgares y catedráticos, por todos, porque La Rumba, también es Cuba.